
Probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado de la palabra “persona” sea “máscara” (...) En cierto sentido, y en la medida en que esta máscara representa el concepto que nos hemos formado de nosotros mismos –el rol de acuerdo con el cual nos esforzamos por vivir–, esta máscara es nuestro “sí mismo” más verdadero, el yo que quisiéramos ser.
Robert Ezra Park, Race and Culture, The Free Press, Glencoe, 1950.
Tocar tus letras. Mirar como vuelan. Concretando. Matando ideas que eran amplias hasta que tu cajón de abecedario las retuvo. Compresión no literal sino espacial. Especial. Con mucho amor para una muerte. Cariño para una agonía constante de padecer y sentir lo que no es. Lo que es y pudo ser. Lo que nunca volverá a volar porque sus alas murieron secas junto al polvo de tus muebles y tus días abiertos como ríos, flotando entre horas frías y mares de horarios descriptivos de rutinas. Ahora sufres. ¿Qué realidad permite matarse cuando la intentan volver tangi-ble, accesi-ble, discuti-ble? Quizás sólo vivamos por dentro y todo el exterior no sea más que un teatro muerto. Estética del simulacro. Si todos jugamos, nadie juega, y eso es el mundo. Mentira.